HUETAMO, LEYENDA Y CANTO
Autor: Dr. Gerardo Soto Yánez
En la feliz encrucijada de los caminos,
por donde vinieron los hombres a fundarte,
embriagados por el sutil aroma de los espinos,
aquí se juntaron y un nombre en su lengua quisieron darte.
Huetamo, te nombraron. “Fueron cuatro”, quisieron decir.
Fue tu emblema, donde la estirpe irguió su orgullo,
un nombre que significa mucho y al corazón hace latir.
Así es como lo siento mío, tanto como lo puedes sentir tuyo.
Los aguerridos pueblos que ya estaban
con franco recelo y soslayo los miraron.
Eran cuatro, y muy distintos, los que llegaban,
mas el tiempo vino y los aceptaron.
Cútzio y Purechucho. En el norte, uno;
en el sur, el otro; ambos limitaban tu extensión.
Pero de esos nobles pueblos creo que ninguno
se quiso oponer al feliz momento de tu fundación.
Entre arroyos y un sutil aroma que vino de la Loma de las Rosas,
se tejieron las leyendas que formaron el tapete de tu historia.
Fueron muchos los hechos y pasaron por aquí tantas cosas.
Nombres ilustres escribieron los actos que te enaltecen y te dieron gloria.
Los abuelos que ya se fueron, trazaron rumbos. Antes de partir,
dejaron huellas que formaron nuestra esencia y son memoria
que alienta nuestros pasos a senderos ciertos del vivir.
Quisieron darnos en su esfuerzo una presencia en la historia.
Los hombres, con pañuelos rojos sobre su cuello, su corazón henchido,
porque llevaban el sombrero de palma cubriendo su cabeza.
Las mujeres, con enaguas y un rebozo en su rostro de color encendido.
Así es como cubrían, en el más puro recato femenino, su belleza.
Fueron raíces, valores que apreciamos tanto. Como ese nido
que nos dejaron, cuando abrieron surcos y nos dieron la vida.
Por eso y más, ¡benditos sean!, donde quiera que se hayan ido.
Su memoria guardaremos junto al llanto y la tristeza por su partida.
Huetameños que destacaron son ya muchos, y eso nos complace.
El vivir siempre es bueno, y mucho más si se deja una huella
que haga brillar el nombre del lugar querido donde se nace,
haciéndolo lucir en el firmamento como luminosa estrella.
Huetamo de mis amores, tu nombre vino de los puntos cardinales,
y con la rosa de los vientos se fue configurando el perfil de tus valles,
que supieron guardar las montañas, junto a la huella que dejaron los andares.
Con el tiempo que pasó, vino el báculo del representante de los frailes.
Juan Bautista de Moya, misionero que fue y vino por tantos lugares.
Su llegada, desde 1553, marcó en la memoria
el inicio donde se contaron los años, y desde entonces los hermosos cantares
hicieron la poesía a donde se va embriagar el ave canora.
Con la emoción sublime de los arpegios de la montaña, enamorada
de los vientos tibios que la acarician tan suavemente, cuando la aurora
asoma su luz por los horizontes lejanos donde nace la alborada,
porque esa montaña desea que los valles sientan cuando se enamora.
Al llegar el nuevo día, que por montes y valles va deslizando los matices
por donde la luz se ve junto a la brisa de los vientos, cantan los amores
y las colinas del oriente se alborozan, cuando de los huisaches las codornices
“cuisilean” alborotadas, por esa euforia de la alborada con sus esplendores.
Los celajes cantan la alegría de lo verde que nos traen las nubes mensajeras,
y entretejen su emoción con el canto de las aves que se anidan en los follajes,
donde palpita la vida tan tiernamente, como arrullos de palomas pregoneras,
de emociones nuevas y esperanzas.¡Es el milagro que extasía a los parajes!
No sólo porque las aguas llegaron y cubrieron de verde a tus paisajes,
también la espera de la humedad de tus montes los hace bellos,
porque canta la cigarra en medio de las piedras, ignorando los estiajes,
que son tan crudos, a veces, pero la vida ha de surgir con nuevos destellos.
Entre lo exuberante y lo yermo, el contraste se va marcando,
para que en tus hijos, ¡mi Huetamo querido!, surja el coraje
y el espíritu se eleve a las alturas, donde el talento se va dando,
lo mismo que a las aves el tiempo les cambia su plumaje.
Por eso mi canto va a lo que eres y significas, ¡Huetamo querido!
Cantarte yo, con toda la emoción que surge desde lo más profundo,
a todo lo grande que tú fuiste y serás por todos los tiempos, al tierno nido
donde floreció la rosa temprana, que su perfume esparció por este mundo.
Porque para quererte no sólo requerimos de tu verde, que es hermosura,
tanto como lo son los vientos, que acarician las frentes llenas de sudor,
y el canto de las aves, que son arrullos y son voces donde el tiempo murmura,
como los recuerdos que alientan el pasado querido y del más puro candor.
Te llevamos en el alma del campesino, que espera; del médico, que cura;
del arquitecto y del ingeniero, que construyen; del sacerdote y del profesor;
de los comerciantes y empleados; más aún, de las madres, que son ternura.
En el alma de todos los que nacimos en ti, te llevamos con profundo amor.
Los que gozamos, emocionados, tu paisaje de entorno esplendoroso,
cuando niños corrimos tras las mariposas, los abejorros y las mojarras,
saltando las tirínchicuas, los cueramos y las parotas del arroyo hermoso,
con sus aguas cantarinas que llevaban vida y su ruido callaba a las cigarras.
Se siente viva la emoción de la tamborita y del violín, si en la tabla bailan
las guachas con su botella en la cabeza, y por más que le redoblan no la tiran.
Las carreras de caballos, las serenatas con flores, las muchachas que callan,
emocionadas a los piropos de sus enamorados, que con respeto las miran.
Cuando nuestro corazón nos brinca desde muy adentro por tus tradiciones,
canto y leyendas que orgullosos atesoramos desde que los años llegaron,
te queremos mucho más porque son vivencias, y todas nuestras emociones
son el palpitar mismo de lo que tanto amamos y nuestros viejos nos dejaron.
Por todos ellos, va en mi canto, envuelto en la tersura del sentimiento,
la sublime emoción que tus montes y valles le dieron a mis sentidos,
que siempre llevo en lo más profundo y que me hacen vibrar en todo momento,
al pronunciar tu nombre, Huetamo, tú que guardas a los seres queridos.
Los recuerdos afloran y las vivencias del ayer se hacen muy presentes.
Ya se fueron aquellos que las piedras quitaron para dejarnos caminar.
Mas luego vinieron generaciones nuevas, junto a los soles resplandecientes,
y te dieron esplendor los que después vendrán, orgullo te han de dar.
Aunque algunos, obligados por las circunstancias, se hayan alejado.
Desde esas tierras lejanas donde se encuentren, seguro que piensan en ti,
y que sus actos y esfuerzos los inspira el regazo de tu suelo tan amado.
Por eso, mi Huetamo, tu cosecha fue muy pródiga y debes sentirte muy feliz.
Te queremos desde la entraña misma, porque somos raíz donde florecieron
los capullos y espigas orgullosas, que mecen la esperanza del fruto anhelado.
También los que llegaron y sintieron amarte, aunque aquí no nacieron,
se embriagaron con las aguas de Cahuaro y el azul de tu cielo iluminado.
Por eso y más, yo quisiera decirte mucho, porque tanto es el sentimiento
que desde lo más profundo del alma nace como el mismo palpitar,
por eso mi canto lleva toda la emoción que mi pecho anida, desde el momento
mismo que te sentí tan mío, como tuyo será por siempre mi cantar. |